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©ELAP Educación S.L.

Ambientes

“El niño encarna en sí mismo el ambiente que encuentra y construye en sí al hombre adaptado a vivirlo...”    María Montessori

Los primeros seis años son fundamentales en la vida de cualquier ser humano. Es donde se establece la personalidad y se forman valores. Un ambiente Montessori cuenta con todo lo esencial para el desarrollo óptimo del niño. Es un espacio preparado por el adulto para el niño. Debe de ser ordenado, estructurado, bello, simple y real. Es un ambiente que le da libertad de independencia al niño, todo lo tiene a su alcance y de acuerdo a su tamaño. Cuenta con adultos preparados y observadores y con niños de edades mixtas donde aprenden a vivir en comunidad, a respetarse, a ayudar y a pedir ayuda.

Nido

De 4 a 12 Meses

Este ambiente es para bebés entre los 4 y 12 meses o hasta que caminan sin la ayuda del adulto. El acompañamiento es al lado de una persona amorosa y cuidadosamente entrenada para cubrir las necesidades de cuidado, afecto, higiene y alimentación que el bebé necesita en esta etapa. El espacio de NIDO es luminoso y cálido. Cuenta con todos los materiales necesarios para el óptimo desarrollo sensorial y el refinamiento de sus 5 sentidos. El mobiliario es adecuado para darle al bebé libertad de movimiento y total seguridad, así como un espacio tranquilo de descanso. 

Comunidad Infantil

Desde que camina hasta los 3 años

El ambiente de Comunidad Infantil es encontrar en la escuela una continuación del hogar. Es un ambiente espacioso, bello  y acogedor. Todo se encuentra a la altura del niño, con mobiliario y materiales que potencian su independencia y su óptimo desarrollo. La belleza, el orden y una guía amorosa y observadora, hacen de este ambiente un lugar ideal para que el niño desde que camina y hasta los 3 años pueda desarrollarse libremente.

Casa de Niños 

Entre los 3 y los 6 años

Niños entre los 3 y los 6 años disfrutan de este ambiente hermoso, repleto de material sensorial, de matemáticas, de lenguaje y de áreas culturales así como de arte y  vida práctica. Cuenta con una guía preparada y observadora de sus periodos sensibles  así como respetuosa de su ritmo y necesidades. Las “reglas de oro” y límites claros permiten una libertad responsable donde el niño logra su independencia, su autoconstrucción y el óptimo desarrollo de todas sus potencialidades.