FILOSOFÍA DE AMOR

FILOSOFÍA MONTESSORI, FILOSOFÍA DE AMOR

¿Por qué Montessori es una filosofía de amor?

Vivir la filosofía Montessori es seguir al niño. Ese ser repleto de AMOR, inocencia, transparencia y paz. El niño desde su nacimiento, es nuestro maestro del amor más puro. Llega al mundo enamorado de su madre, sin juicios, sin expectativas… sólo con esa mirada amorosa y ese corazón ávido de dar y recibir amor.



Es difícil describir la palabra “amor”, es quizás una palabra indescriptible. Se acerca más a lo sensorial, a lo emocional. El primer contacto de amor tangible es el día que nacemos. Sentimos esa tranquilidad absoluta al estar en el pecho de nuestra madre, al escuchar sus latidos, sentir su respiración, oír su voz, disfrutar sus caricias, su calor… días después, se conecta la mirada… es como un enchufe de alma a alma. No hablo desde la mirada del bebé, porque no recuerdo el día de mi nacimiento… hablo desde mis emociones como madre y desde mis sentimientos como hija. Hablo desde mi corazón.

Maria Montessori fundamentó su trabajo a través de la observación del niño. Ella observó, a través del niño, que el amor encierra mucho: respeto, confianza, empatía, libertad, ayuda desinteresada, labor de equipo, … observó a niños abandonados, niños enfermos, niños huérfanos, niños en peligro social y emocional. También observó a niños con vidas “normales”, familias funcionales, madres presentes y amorosas… a pesar de las grandes diferencias, había algo que identificaba al niño: “el amor”.

Al seguir al niño y a través de su observación, se dio cuenta que el niño lo que hace, lo hace por amor. Amor al ambiente, al entorno, a sus compañeros, a la guía. Amor a lo que hace, amor al aprendizaje…

A continuación, cito algunas frases de su libro: “El Niño en Familia”:

“Maestro de Amor”

… El niño es sensible a un punto extremo, a tal grado impresionable, y el adulto debería vigilar todos los actos y palabras, porque éstos se le grabarán en la mente. …

El adulto es un ser venerable, amado, de cuya boca surge la sabiduría que lo guía; el niño es tocado, como si un proyectil espiritual le entrara en el corazón…

El niño ama al adulto: esto debe estar siempre presente en nuestro espíritu…

El niño que ama despierta, no solamente en la mañana, al padre y a la madre, que muy frecuentemente se duermen en la vida. Todos tenemos la tendencia a dormirnos sobre la cosas y hace falta un ser nuevo que nos despierte y nos tenga atentos con maneras que no sean nuestras, alguien que actúe de manera diferente y cada mañana venga a decirnos: “Mira, hay una vida mejor, aprende a vivirla”

Vivir mejor, porque el hombre va degenerándose y el niño lo ayuda a subir. Si el adulto no hace caso, se pierde y poco a poco se cubre de una costra dura y se vuelve insensible.

Exctractos de “Maestro de Amor” del libro El Niño en Familia de Maria Montessori



Guiar desde el corazón, respetuosamente, con ternura, paciencia y suavidad, es guiar con amor. Es ayudar a los niños para que su despertar a la vida sea un despertar feliz.

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